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Asociación Española del Sueño

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Insomnio en los niños

¿Qués y cómo afecta el insomnio en los niños? ¿Qué podemos hacer los padres?

Elena Díaz Gallego
Unidad del Sueño. Clínica Ruber. Madrid

La dificultad para iniciar y mantener el sueño a lo largo de toda la noche es un problema relativamente frecuente que no sólo puede afectar al bienestar del niño, sino al de toda la familia.

Muchos padres acuden a la consulta desesperados, agotados porque no consiguen dormir más de cuatro horas seguidas a lo largo de la noche, culpabilizados por haber perdido el control de la situación y preguntándose qué han hecho mal.

Aunque dormir toda una noche depende en parte de factores madurativos, constitucionales y genéticos, en tanto que conducta, es algo que también se aprende. Este hecho es de especial relevancia cuando hablamos de insomnio infantil ya que las principales causas del insomnio en la infancia son los malos hábitos (por ejemplo, alimentación nocturna excesiva e innecesaria, la ausencia de unas rutinas previas a la hora de acostarse), las asociaciones inadecuadas con el inicio del sueño (por ejemplo, inseguridad, miedo) y la ausencia de límites o la existencia de unos límites poco claros.

Al igual que en los adultos, la falta de sueño en los niños tiene unas consecuencias y cuando es crónica (3 ó 4 horas de sueño al día de manera continuada) puede suponer alteraciones del estado de ánimo e incluso del sistema inmunitario que se vuelve menos eficaz y les hace más propensos a las infecciones. No obstante las consecuencias más habituales de la falta de sueño en los niños son aumento de la irritabilidad e impulsividad, disminución de la atención y el autocontrol junto a una afectación inicial del estado de ánimo (cometen más errores, no mantienen la atención en tareas o juegos, están como ausentes, no paran quietos, interrumpen las actividades de otros, etc…) lo que provoca más atención negativa por parte de los padres (continuas llamadas de atención por el mal comportamiento) y más oposición y apatía en el niño.

Debemos tener en cuenta que mientras los padres esperan con ansia el momento de que el niño se vaya a la cama, para el niño el hecho de dormir puede implicar “separación”. Una buena separación es un acto predecible y rutinario que aporta satisfacción y seguridad mientras una mala separación hará que el niño y los padres respondan con ansiedad, y que ambos puedan tener miedo ante nuevas separaciones. Debemos establecer distanciamientos graduales durante el día,permitiendo al niño entretenerse solo, si queremos que al dejarlo en la cuna sea capaz de quedarse e iniciar el sueño solo.

Es conveniente establecer un ritual previo a la hora de acostarse que incluya cada día las mismas acciones.

Debemos establecer unos límites educativos flexibles pero claros. Es conveniente establecer un ritual previo a la hora de acostarse que incluya cada día, aproximadamente a la misma hora y en idéntico orden, las mismas acciones (por ejemplo, baño, cena, cuento o cualquier otra que relaje, tranquilice y prepare al niño para el inicio del sueño) y que deberemos acabar en el dormitorio pero antes de que el niño sea colocado en la cuna para dormir. Lo más importante es transmitir seguridad, por cuanto los padres debemos mostrarnos tranquilos y seguros y hacer siempre lo mismo. Además del ritual presueño, podemos utilizar un objeto transicional, que puede ser cual-quier objeto-muñeco o peluche- que de seguridad al niño y que este adopte como com-pañero nocturno.

Debemos tener en cuenta el ritmo y necesidades propias de nuestro hijo. No es razonable esperar que un niño de temperamento difícil se duerma con facilidad, necesitará límites horarios, comportamientos más claros y una constancia mayor por parte de los padres o de cualquier otro adulto que intervenga en el aprendizaje de la conducta.

El niño debe acostarse despierto en su cuna o cama para que sea él quien concilie el sueño. Los padres deben salir de la habitación antes de que el niño se haya dormido. Todo aquello que esté presente en el momento de iniciar el sueño será lo que el niño reclame durante los despertares nocturnos para volver a dormirse. En este punto es importante recordar que los padres no tenemos la obligación de dormir al niño, si la de enseñar o facilitar la adquisición del hábito de dormir.

ovejasEs probable que el niño con dificultad para iniciar el sueño, que muestra resistencia a la hora de irse a la cama, reclame la atención de los padres mediante el llanto, los gritos e incluso que pueda vomitar en ese momento, nuestra actitud deberá ser la de entrar durante un corto espacio de tiempo, para darle confianza y seguridad, llegado el caso cambiarle de pijama y ropa de cama si es preciso, pero sin hacer nada para que se duerma ( mecerlo, acariciarlo o dejar que nos acaricie, trasladarlo a nuestra cama …etc) hasta que el niño concilie el sueño solo. El refuerzo positivo (por ejemplo, elogio, atención, incluso la obtención de algún privilegio o pequeña recompensa) lo más inmediata posible a la consecución de la conducta deseada (por ejemplo, si el niño se durmió solo, nada más levantarse), más que cualquier clase de castigo, rechazo, crítica o ironía, nos ayudarán en la adquisición de este hábito tanto como en cualquier otro aprendizaje además de favorecer una mejor autoestima, seguridad y autocontrol en el niño.

La dificultad para iniciar y mantener el sueño a lo largo de toda la noche es un problema relativamente frecuente que no sólo puede afectar al bienestar del niño, sino al de toda la familia.

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